Frankenstein contra las zombis y viceversa

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Frankenstein contra las zombis y viceversa
Basado en un historia de ficción real

Capítulo I

Como toda hija de científico carnicero, confabulado con abogado ruin y monja santurrona, nací en una noche turbia y tormentosa. Hecha de pedazos de cuerpos podridos y fétidos, maltrechamente suturados a fuerza de siglos de opresión sobre los mismos puntos de la anatomía humana. Abrí por primera vez mis ojos encandilados por las luces frías de aquel lúgubre laboratorio, y como toda cría miré a mis padres con amor y horror a partes iguales.

Así fue que nací y comencé a vagar día a día, año con año, entre el resto de bastarditos de laboratorio, aletargados y grises. Vagaba perdida, nostálgica y sin pasado mientras mis creadores lanzaban miradas orgullosas y satisfechas, corrigiendo a cada tanto mí andar, mis gestos, mis palabras.

Fue así que en un día raro como cualquier otro y sin más mis suturas comenzaron a abrirse, a desgarrarse, desde mi interior corría un líquido viscoso y maloliente y un dolor inexplicable me partía todo por dentro. Miré hacia arriba buscando respuestas pero el silencio sepultó la esperanza sobre mí.

Tambaleante y atónita apenas acertaba dar algunos pasos furtivos entre el derrumbe y sin darme cuenta dirigí mis restos hacia “ese oscuro lugar al que nunca debes ir”, un escalofrió recorrió mi cuerpo y una mezcla de excitación y vértigo me lanzaba cada vez más profundamente hacia aquel lóbrego lugar.

De pronto un murmullo entre las tinieblas, después un jadeo aproximándose lentamente hacia mí, un susurro de pisadas se convirtió en una estampida de la que ya no podía escapar. Llena de terror solté un último alarido y desde lo hondo agradecí por mi final.

Ojos cerrados… silencio…

Capitulo II

Al siguiente segundo caí en la cuenta de que este no sería un final rápido y amable. Mis ojos pasmados apenas alcanzaban a distinguir una masa confusa de cuerpos salvajes y sedientos que se agolpaban contra mi sin piedad. Cuerpos turbios y voluptuosos bañados en una humedad inexplicable, de mandíbulas afiladas y pesuñas esmaltadas.

Petrificada entregué mi cuerpo a aquella turba tan sensual como monstruosa que comenzaba a lamer mis viseras con la lujuria con la que se arremete el primer bocado del plato.

De pronto PAM!! La primer mordida clavada inmisericorde en mi cráneo, PAM!! Otra mordida en mi pecho, PAM PAM PAM!! Mordidas desenfrenadas devorando cada centímetro de mi cuerpo y sumergida en el festín orgiástico de viseras, dientes e insaciables cuerpos húmedos se borraron las fronteras de mi cuerpo.

Minutos, horas, siglos en medio de una carnicería sin fin.

Con el último hilo de conciencia sentí mi cuerpo tumbado, enmarañado entre otros cuerpos. La turba insaciable devenía horda agotada, soñolienta y satisfecha. Apenas un movimiento aquí, una lamida remilgosa allá, la respiración de la masa tornaba de apoco a la calma.

Y yo? Pregunté sin pronunciar palabras. Me descubrí jadeante y cachonda pidiendo más en el instante último antes de hundirme en mitad de un sueño profundo…

Capítulo III

Despertar, como quien despierta al día después de su muerte, reconocer de a poco el lugar, los sonidos, los olores del tiempo.

Locación: Una habitación en un hotel lujoso, un medio día soleado y alegre, ropas y botellas de alcohol bacías desperdigadas a lo largo y ancho del lugar, mi cuerpo tendido sobre una cama inmensa y caótica atravesando soberbia todo el espacio.

Llevo las manos a mi rostro sin suturas, compruebo mis senos, mi vientre, nada tiene sentido, repaso mi memoria de sustancias y noches destruidas y cuando me dispongo a verificar mi sexo como última prueba de veracidad, en su lugar tropiezo con una cabeza! No doy crédito! Temblorosa dirijo mi mirada para examinar el esperpento. La cabeza hundida entre mis piernas está pegada a un cuerpo!! El monstruo estruja mis muslos mientras devora el espacio entre ellos.

Absorta le miro hacer mientras contengo la respiración, calvando mis ojos sobre él como ultima defensa. La imagen primero borrosa del monstruo comienza a definirse, líneas y curvas confiesan poco a poco un cuerpo majestuoso.

El sinsentido no puede ser mayor, entonces en medio del resquebrajamiento de mi lógica buscando explicación, la cabeza monstruosa de aquel cuerpo majestuoso detiene su faena y se levanta, clava en mí sus ojos como navajas echando por tierra todas mis defensas.

Todo está perdido, pienso mientras me siento desfallecer. Me doy por vencida cuando la veo abrir sus fauces para pronunciar un…

“Sigo?”

Escucho un crujido en el fondo de mi cerebro mientras demando con mis ojos desorbitados.

“amor soy yo! Te sigo comiendo? Quieres que pare?”

El monstruo repta sobre mi cuerpo inmóvil mientras las piezas de mi cerebro comienzan a encajar nuevamente en su lugar.

Por fin, después de tremendo susto, logro inhalar profundamente, un aroma familiar me reconforta. El cuerpo antes amenazante se acurruca y ensambla en el mío a la perfección como si siempre hubiera pertenecido ahí. Lo examino palmo a palmo y comprendo…

No hace falta más explicación, me entrego al ensamblaje de nuestros cuerpos. “estas dormida?” preguntas, yo te respondo con un beso. Mi cuerpo helado de miedo remonta ahora la temperatura aceleradamente. Llevas tu boca a mi oído y susurras un sexo sin palabras. La física de mi cuerpo en ebullición me convierte en líquido.

Sabemos cómo hacer y hacemos, fluimos, oscilamos, serpenteamos, flotamos, ondeamos nuestros cuerpos líquidos a un ritmo conocido, danzamos confiadas y deseantes. La alquimia de nuestra danza transforma el líquido en aire de respiraciones sincopadas y sin freno.

Has devorado mi sexo y no te basta, devoras mi mente y los restos de mi cuerpo y te pido más, lamemos y mordisqueamos todo sin saber ya a quién pertenece el bocado.

Un corazón engullido y una explosión coordinada

Ojos cerrados… silencio…

Capítulo 4

Abro unos ojos que ya no son los míos, me reincorporo en un cuerpo desconocido, pronuncio mi nombre con una voz ajena.

Sueño, despierto, divago entre las fronteras de 2 mundos igualmente inventados. En un segundo abandono uno para habitar el otro.

Estoy sola en medio de un bosque oscuro, camino sin temor la oscuridad. De pronto una ráfaga de luz convierte el bosque en ciudad y la soledad en multitud.

Mi cuerpo iluminado se me revela como una figura exótica formada de prótesis y viseras, mi piel es de purpurina y por cabellos llevo una peluca estridente.

Camino entre una multitud incómodamente familiar, levanto la mirada para reconocer a los antiguos hermanos de laboratorio. Nadie me mira, nadie se detiene. Continúo despertando y por instinto bajo la mirada para evitar sospechas. De vez en cuando la vuelvo a levantar y choco con alguna mirada reprochante que sin más afán sigue de largo.

De entre la multitud distingo un brillo, una figura exótica con piel de purpurina y peluca estridente, navega traviesa entre la masa, es maliciosa y seductora. Hecho un segundo vistazo y allá y acá irrumpen brillos entre la gris multitud. Uno de ellos me atraviesa con una mirada de complicidad y su cálido guiño me devuelve, por fin, en un instante el sentido de todo.

Estamos de cacería, es un juego y llevamos el deseo hambriento, caminamos entre ellos y sínicas nos olfateamos, intercambiamos sonrisas entre nosotras, caminamos sigilosas y amenazantes, inocentes entre la multitud, en busca de la cena.

Esta noche, como todas, hay fiesta, nos preparamos para hurtar de entre la multitud carne fresca para llevar a casa. Escogemos cuidadosamente, nos recreamos, es un juego en el que siempre ganamos. Una y otra vez nos sumergimos en ese laboratorio llamado ciudad para llevar con nosotras a las vástagas despedazadas de este universo sin brillo.

Cae la noche, termina la cacería, huimos hacia ese lugar oscuro donde sólo habitan las monstruos, comienza el juego…

Una fiesta, un festín, una orgia de monstruos, un banquete de bestias, un convite de zombis…

El tapete a la entrada dicta “alerta! Territorio feminista!!”

La mesa está puesta

Hay lugar para ti!!

FIN

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